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Más claridad para la paz de Colombia

Mucho trecho queda todavía para completar el camino que conduce hasta la paz. Este mes en La Habana se negociará con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) el desarme, la desmovilización y la reinserción  de los guerrilleros a la sociedad, pero eso, de ninguna manera, será el final del conflicto que vive el país desde hace más de cinco décadas.

Para que esto sea entendido ha faltado claridad, porque lo que hasta el momento se ha hecho es enfrascar todo el debate sobre los diálogos entre el Gobierno y las Farc en el desacuerdo entre quienes apoyan la negociación propuesta por el presidente Juan Manuel Santos y quienes prefieren que los combates armados y los bombardeos continúen definiendo el curso de esta desbordada guerra.

Despojarnos de esa visión tan simplista de los diálogos con los farianos no significa que no pueda haber personas que manifiesten su desacuerdo con la negociación, ya que siempre tendrán el derecho a no creerle a las presuntas buenas intenciones de los guerrilleros que le han mentido al país en múltiples ocasiones. Pero Colombia no resiste más que la inocua discrepancia. La radical y dañina intención de obstruir el proceso genera profundas laceraciones a la búsqueda de la paz, como si no hubiesen sido suficientes las que ha dejado la incesante guerra.

Por supuesto, no se puede ignorar que las Farc han influido en el estancamiento del progreso de la niñez colombiana. El 50,1% de los miembros de esa guerrilla fueron reclutados cuando eran niños y en la actualidad el 42% de sus militantes son menores de edad, según el informe “Como corderos entre lobos”, coordinado por la politóloga Natalia Springer.

Tampoco podemos olvidar que de los 78 indígenas asesinados en lo corrido de 2012, nueve fueron responsabilidad de las Farc y a 38 muertes más no se les han identificado aún los culpables. Además, hasta septiembre el Sistema de Información de la Consejería de Derechos Humanos registró el desplazamiento de 10.515 indígenas, de los que 6.534 fueron originados por confrontaciones armadas entre el Ejército y las Farc y 350 más fueron causados solamente por los farianos.

Puede también ser cierto, como afirma el Gobierno, que los ingresos de las Farc procedentes del narcotráfico oscilen entre 2.400 y 3.500 millones de dólares y que el 37% de las 22.288 solicitudes de reclamación de tierras despojadas que han presentado las víctimas del conflicto sean responsabilidad de la misma guerrilla.

Si los diálogos que inician en unos días en Cuba tienen éxito, los guerrilleros de las Farc podrán reincorporarse a la sociedad, pero no deberán olvidar que los derechos de sus víctimas son la prioridad de Colombia y por eso la impunidad no tiene cabida. Esto, que era lo principal, no quedó claro el pasado 18 de octubre cuando en Oslo se instalaron las mesas de negociación.

En cambio, los representantes de la guerrilla dedicaron todo su discurso a resaltar las falencias del Gobierno, como la falta de control sobre la corrupción –manifestada recientemente en la reforma a la justicia– o la pobre garantía de los derechos fundamentales que ha llevado a que muchas personas mueran en las puertas de los hospitales, esperando atención médica.

Estos y muchos problemas más deben ser discutidos si se quiere alcanzar la paz, pero para que sea posible es necesario evitar toda clase de intransigencias que no permitan dar el primer paso: la dejación de las armas. Ojalá las Farc lo entiendan, pero que también lo comprendan quienes buscan que el proceso fracase. Muchos de ellos apoyaron la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que cometieron crímenes tan atroces que dejaron miles de muertos y desplazados, y no vieron en ello un sometimiento del Estado. Tampoco deberían verlo ahora, cuando quienes realmente están menguados son los guerrilleros, algo que ni el discurso en Oslo puede ocultar.

En el primer plano de esta imagen se ve (de izquierda a derecha) a alias “Alfonso Cano”, “Mono Jojoy” y “Tiro Fijo”, tres líderes históricos de las Farc que han muerto en los últimos 4 años. Foto: Cambio.com.co

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